Somos Teresa y Rubén, los actuales guardianes de Cerrucos de Kanama. Nuestro legado se extiende más allá de nuestras vidas, comenzando con el bisabuelo de Rubén, seguido por su abuelo y su padre. Cada uno de ellos fue pionero en su tiempo y se dedicaron a la ganadería y la elaboración de queso artesanal en Los Navalucillos, un pueblo cuyo nombre es sinónimo de quesos de calidad.
El bisabuelo Clemente comenzó con unas pocas cabezas de ganado y un sueño, y fue innovador en su época, experimentando con técnicas queseras que muchos en el pueblo tardaron en adoptar. El abuelo Juan poseía tanto ovejas como cabras, equilibrando la producción de quesos con diversas texturas y sabores, mientras perfeccionaba los métodos de curación que se convirtieron en la firma de nuestra familia.
Antonio, el padre de Teresa, expandió significativamente el negocio al criar un rebaño de 500 cabras malagueñas, dedicadas tanto a la producción de queso como al pastoreo. Bajo su cuidado, la empresa se modernizó, integrando prácticas sostenibles y ampliando nuestro mercado más allá de los límites locales.
Nuestro viaje como custodios de este legado comenzó en 2012. Inspirados por la historia de nuestros antepasados decidimos no solo seguir sus pasos en la ganadería y la elaboración de quesos artesanales, sino también reinventarlos. Con sueños grandes y manos dispuestas a trabajar, diseñamos y construimos la quesería que hoy se erige como un símbolo de nuestra pasión y compromiso.




